lunes, 31 de marzo de 2014

Nadal cambia de registro



Rafael Nadal admite la derrota, no tiene argumentos para defenderse. Estamos en Miami, el último domingo de marzo, y el número 1 pierde la final ante Novak Djokovic (6-3, 6-3) en 1 hora y 23 minutos, lo que supone el cuarto intento frustrado de incorporar este título a sus vitrinas después de alcanzar la cita decisiva. Le sucede en 2005, 2008 y 2011. Cada tres años. Entonces le derrotan Federer, Davydenko y Djokovic, que se erige de nuevo verdugo en esta edición. La central de Crandon Park revive un duelo que se ha hecho constante, esperado, infinito. Es el enfrentamiento número 40 entre estos dos tenistas, los mejores del mundo. Han abierto una sima con el resto. Ahí está la clasificación de la ATP, donde una montaña de puntos les separa de los demás. Su dictadura es implacable en los Masters 1000, que se reparten casi a partes de iguales desde hace año y medio.
Djokovic sale vencedor y cae al suelo azul de Cayo Vizcaíno. Es el cuarto MSM consecutivo que el serbio se endosa (Shanghai, París. Indian Wells y Miami). Todo desde la derrota en el US Open a manos del mallorquín, que le sirve de lección. Nole ha aprendido, ha vuelto a mandar, ha superado sus traumas. Le ha tomado el pulso de nuevo a Nadal, con el que mantiene una lucha feroz. Uno hace mejorar al otro y viceversa. Queda la promesa de Rafa, ahora por debajo: “No voy a buscar pequeñas excusas, la justificación es que él ha sido mejor que yo y tengo que trabajar para estar a la altura y exigirle más en el futuro”.
El partido se convierte en un monólogo a medida que el campeón de 26 M1000 se aleja de la línea de fondo y cede a los golpes ganadores de Djokovic. El serbio juega con ventaja en la mayoría de los puntos. Se coloca dentro de la pista y tira con todo. No necesita arriesgar. Le funciona la derecha, pero se hace enorme con el revés a dos manos, seguramente el mejor del planeta en estos momentos, que salen como misiles, planos, hacia el campo de Nadal, sin que éste tenga razones ni piernas para alcanzarlos. “No me moví tan bien como me suelo mover. Estuve lento y sin chispa. Él fue muy sólido. No ha fallado nada por momentos. Siento que él estaba teniendo demasiado éxito con cada golpe. Es imposible jugar contra él cuando está a este nivel. Ha obtenido mucho premio sin tener que arriesgar”, comenta el número 1 tras el encuentro. Rafa juega sin armas, cae en los errores que le procuraron siete derrotas consecutivas ante este mismo rival y se apaga como una vela a medida que avanza la confrontación. La energía le alcanza para cuatro juegos, incluso en el primero dispone de bola de break. No volverá a gozar de más. Pasado este umbral, el partido se le hace empinado, confuso e irresoluble. Siempre atrás, apenas ofrece puntos de mérito ni gestos que hagan presuponer la reacción. Es un Nadal irreconocible y medio entregado, como si la final le llegara en mal momento.
Djokovic gana sin excesos, producto de un juego sólido y con la regularidad como bandera. Amparado también en su saque (86% de primeros servicios frente al 59% de Nadal) añade argumentos para una victoria rápida, sin aristas, de guante blanco, quizá inesperada incluso para él en la forma. “Tuve un muy buen juego de principio a fin, siempre es difícil ganar a Rafa, estoy muy satisfecho con mis cuatro semanas en los Estados Unidos”, admite el ganador de 18 Masters 1000, superando ya los 17 de Agassi. Y añade: “Definitivamente la mayor rivalidad que tengo en mi carrera en el tenis es con él (Nadal). Es un gran desafío siempre cuando juego con Rafa en cualquier superficie, por supuesto, sobre todo en tierra batida. Esa es su superficie más preferida, allí es más dominante”. Esa es la esperanza que se abre ahora para el español, mentalizado para afrontar este tramo sumamente interesante. La cuenta se inicia en Montecarlo, donde Nole defiende el título y Rafa persigue algo más que el noveno trofeo monegasco. Abonen el terreno, preparen la arcilla roja. Nadal tiene hambre y cuentas pendientes.

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