sábado, 1 de marzo de 2014

Federer vuelve a dar clases



    Roger Federer levanta los brazos, un gesto habitual, propio, simple. Sin más. Ha ganado el torneo de Dubai, ha tumbado a Tomas Berdych en la final por 3-6, 6-4, 6-3. Es el primer título de 2014 para el suizo, el primero desde hace ocho meses (Halle 2013). Y el sexto en este lugar, sucediendo a Novak Djokovic, una de sus víctimas de esta edición, que se ‘conforma’ con cuatro. Anoten también: el título número 78 de Federer, que sobrepasa a John McEnroe. El ranking de títulos ATP queda ahora así: Jimmy Connors, 109; Ivan Lendl, 94; Roger Federer, 78; John McEnroe, 77; Pete Sampras y Bjorn Borg, 64; Rafa Nadal y Guillermo Vilas, 62; André Agassi 60.
   Para alzar el trofeo del emirato árabe, Federer necesita remontar ante Berdych un partido que responde a las expectativas. El checo, también finalista el año anterior, juega un tenis profundo, contumaz, inalcanzable para el campeón de 27 Grand Slam. Curiosamente, el duelo se repite tras un año sin verse. Doce meses atrás, en las semifinales de Dubai, el vencedor es Tomas, en tres sets, por 3-6, 7-6, 6-4.
   Es un Berdych que aspira a su segundo torneo del curso, tras Rótterdam, un suceso inédito para él desde hace un par de años. Juega sin trabas y anula a su rival, que baja el nivel del día anterior. Federer no es el mismo que se impone sobre Djokovic un día antes, en una semifinal de alta escuela. Cede el primer set sin rechistar 3-6  y da síntomas de abatimiento, de falta de chispa. Un Federer que a lo largo de la semana ha padecido estos problemas para sacar adelante los partidos. Una rotura de servicio le es suficiente al checo.
   En la segunda manga no varía el rumbo de los acontecimientos. Berdych es mejor, pega y pega sin contención. Mantiene a Federer al fondo, donde hace menos daño. Le somete y manda. Rompe el saque de Roger en el quinto juego y parece encaminado hacia la gloria que otorga la victoria en una final. Pero el reloj se le detiene, le impide ir más allá, confirmar su hegemonía. Llega la réplica inmediata del helvético, que domina por 11-6 el balance de los enfrentamientos con este rival.
   Federer recupera el pulso, contrarresta el break y equilibra el encuentro. Sale a flote con los golpes inspirados que le procura su derecha. Se ajustan a las líneas, ponen en aprietos a Berdych, le hacen dudar de sus posibilidades. Y sucede que el partido vira hacia el lado del suizo, mucho mejor asentado sobre la pista azul. El parcial es de 4-1 para igualar la confrontación. Ruge la central de Dubai. “Roger, Roger”, grita la grada, volcada mayoritariamente con el tenista que más veces ha ganado allí.
   El tercer set confirma a Federer, incluso con las consabidas dificultades del suizo para gestionar las ventajas. Se coloca por delante en el primer juego y dispone de tres puntos para romper el servicio a Berdych. Se le escapan. Luego, claro, debe afrontar un punto de break en contra con su saque, del que sale airoso. Es el juego del gato y el ratón. Roger, mucho más sólido, confirma su mando en el cuarto juego y pone rumbo hacia el triunfo, no sin suspense. Desperdicia dos bolas de partido con servicio de Berdych (5-2) y lo fía todo al juego siguiente. No hay más dilación. Roger Federer, el jugador que más semanas ha ocupado el número 1 del mundo, vuelve a ganar, a alzar los brazos. Así de simple, así de complicado.

Ha invertido poco menos de dos horas y ha sido un poco más regular. 25 winners por 20 del checo. 23 errores no forzados frente a 29 del rival. 4/10 en puntos de rotura por 3/10 de Berdych. Lo suficiente para vencer. La siguiente parada se traslada a Estados Unidos. Es el Masters 1000 de Indian Wells, donde se coronó el año pasado Rafa Nadal, contra todo pronóstico. El asunto promete.  

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