jueves, 10 de enero de 2013

Pato a la naranja



Nada más comenzar la conferencia, un grupo no numeroso, pero muy activo, irrumpió en la sala para boicotear el acto. El alto cargo de la Comunidad se quedó atónito, mientras aguardaba a que el servicio de seguridad de la facultad interviniera. Los asaltantes portaban también pancartas alusivas al conflicto que les tenía ocupados desde hacía semanas. El político entendió el mensaje. Ninguna doctrina puede contra el impulso de las masas. Recogió los folios, los guardó en el maletín y abandonó el estrado, en medio de la jauría humana. Cuando por fin alcanzó la calle, una leve sonrisa delató su estado de ánimo. Respiró hondo, miró al horizonte y pensó en el pato a la naranja que se pediría en el restaurante esa noche para cenar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario